¡Debo decir que la lectura es la mejor diversión que existe! ¡Uno se cansa antes de cualquier cosa que de un buen libro! (Jane Austen. Orgullo y prejuicio)

domingo, 8 de abril de 2012

Carmilla. J. Sheridan Le Fanu

Este es uno de los relatos, de los que me he leído hasta ahora de vampiros de la época clásica, mejor estructurado, y también mas largo de lectura. Dividido en varios capítulos la lectura se hace mas pausada pero no por ello menos abrumadora, en el sentido de la aungustia que produce lo relatado y como poco a poco sumerje al lector en un ambiente de autentica congoja y misterio.
Precursora de la mayoría de los relatos de vampiros de la época clásica, esta novela rescata muchos elementos de superstición y creencias populares de la época, sobre todo de las zonas rurales de la vieja Europa donde cada fenómeno extraño se relacionaba con fuerzas ocultas y demoníacas.
Hay varios elementos en la novela que la hacen cautivadora y a la vez fascinante, castillos antiguos, grandes habitaciones en penumbra con muebles aterradoramente grandes y antiguos, viejas institutrices, curas con sotana, caminos y pueblos deshabitados, criptas fantasmagóricas...en resumen, casi todos los elementos de una típica novela de terror gótico.
Por otro lado el vampiro (en este caso vampira) es un ser fascinante, que hipnotiza practicamente a sus victimas, curioso también como recurre el autor a la atracción erótica del vampiro con un fuerte caracter lésbico, que como poco era tabu para la época.
En esta historia, como en todas las de la época clásica, el vampiro es un ser malvado con el que hay que terminar (y no esos vampiros almibarados de las novelitas actuales), en este caso vemos como al final acaban con él (bueno, con ella) recurriendo al elemento clásico de la estaca, seguida por la decapitación y destrucción total del cuerpo, para que no pueda nunca mas el vampiro resurgir de su tumba.
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