Es mejor leer un buen libro que escribir uno malo.(La librería ambulante. Christopher Morley)

viernes, 25 de octubre de 2013

En el Gallo de Hierro. Paul Theroux


"El avaro no regala ni siquiera una pluma...como el gallo de hierro". 
Con este nombre (Tie Gongji) se conoce al tren que va de Pekín a Urumchi, pero no será el unico en el que subiremos con el autor, con el que viviremos una apasionante travesia en trenes a través de China en el año 1986.



Durante el viaje nos describe los trenes, a los pasajeros, a las personas, paisajes y costumbres que se encuentra, asi como acontecimientos politicos, sociales y personales que la gente le va relatando, con lo que nos encontramos un viaje muy ameno donde abunda la diversidad.

"Yo era el demonio peludo y narigudo del mas allá, el forastero al que los chinos consideraban el cateto del mundo."

El autor describe brevemente su paso por Polonia y Rusia. Pasa luego por Mongolia donde comenta la curiosa costumbre de las empleadas de tren de retirar la ropa de cama sin previo aviso, costumbre que le pasará también en casi todos los trenes chinos.

Desde Mongolia pasa a Pekín viajando por todo el interior de China. La última etapa de su viaje será el Tibet.

Durante el viaje se encuentra también edificios, construcciones y edificaciones curiosas, como una mezquita en la Mongolia interior con un reloj pintado donde eternamente eran la una menos cuarto sin que nadie supiera porqué o el gigantesco Buda de Leshan, la estatua más grande (y según el autor probablemente la mas fea) de Buda, donde se podria aparcar en un dedo de un pie.


No nos ahorra tampoco el autor descripciones escatológicas como los urinarios donde se recogía "orina humana de buena calidad con fines medicinales" o la costumbre china de escupir a cada rato. El autor aqui se deleita explicandonos todo el procedimiento sonoro y gesticular de producir el esputo.

Otra cosa curiosa que nos describe es la risa de los chinos. "Existen unas veinte risas y ninguna de ellas contiene la menor sugerencia de humor."

Durante gran parte del viaje irá con el señor Fang, un funcionario impuesto por el gobierno para supuestamente hacerle de anfitrión, cosa que al autor le fastidia bastante, con lo que procura hacerle las cosas algo dificilillas al señor Fang.

De los sitios mas curiosos que visita Harbin con sus famosas estatuas de hielo.


La última parte de su viaje será en el Tibet, donde curiosamente no irá en tren, sino en coche, acompañado del señor Fu y la señorita Sun, otros dos acompañantes forzados con los que tendrá un viaje realmente divertido y accidentado. Del Tibet destaca sus increibles paisajes, su extrema suciedad y los perros salvajes que invitan a no adentrarse mucho en excursiones pedestres.

Otra cosa que describe del Tibet son los desastres que causó la Revolución cultural. "Lo que el evangelizador no llega a comprender en su ingenua seriedad es que en la Tierra hay algunos seres que no quieren que los salven."

El autor termina su viaje con pena, "Creí que me gustaban los trenes hasta que vi el Tibet." Y mirando a las montañas dirige una torpe plegaria "Por favor, permiteme volver."

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