Es mejor leer un buen libro que escribir uno malo.(La librería ambulante. Christopher Morley)

jueves, 12 de enero de 2017

La cueva de cristal. Lisa Kleypas


Páginas: 352
Lo leí en: 6 días
¿Me gustó?: No

Argumento: Justine no puede amar, pero es una bruja y está decidida a romper el hechizo que le impide hacerlo.

Opinión y comentarios: Este es el cuarto y último libro de la serie de de la autora sobre Friday Harbor.
Asi como los tres primeros me gustaron bastante, este no me ha gustado nada.

Para empezar los personajes son bastante antipáticos, él es el típico hombre de negocios rico, guapo, soltero sin compromisos serios, musculoso, dotado de toda clase de perfecciones físicas, engreído, dominante, vamos un super macho. Y ella, pues bastante tonta para ser bruja.

La historia tampoco me gustó, es demasiado tonta, la magia, pues creo que sobra un poquito, se hace pesada y no es creíble, cuando por fín nos encontramos un capítulo que habla sobre un ritual mágico, la autora se recrea en detalles absurdos como la decoración y nos ahorra el sentido en sí de la magia. 

Algunos detalles si me gustaron, por ejemplo cuando habla del grimorio, un libro de magia que acompaña a las brujas, y del que da detalles que serán importantes en el desarrollo de la historia.


Otra cosa que se me hizo pesada en la historia, fueron las escenas de sexo, a mi parecer demasiado extensas y con mucho detalle morboso. En un libro de temática erótica están bien, pero en una novela romántica creo que es muy ordinario pecar de exceso de estas escenas, que además no es muy creíble eso de acostarse a los cinco minutos de conocer a alguien.

En uno de los muchos capítulos que se montan los dos protagonistas haciendo lo propio, nos describe la técnica del kinbaku, un arte erótico del Japón, donde uno de los dos de la pareja es atado, casi siempre la mujer, de una forma artística y con cuerdas muy apretadas, de forma que durante el sexo no pueda moverse siendo la parte pasiva ante la parte activa, pero no es una técnica que tenga que ver con el masoquismo, sino con una especie de relajación al estar inmovilizado, parece ser que en Japón es una especie de arte.

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